En una entrevista exclusiva con la Revista ENERGÍABolivia, Javier Aliaga analiza las conexiones entre la nueva metodología del tipo de cambio oficial, la elevada dependencia de Bolivia de los combustibles importados y la presión permanente sobre las divisas. Su planteamiento apunta a que ordenar la forma de calcular el dólar no resuelve, por sí mismo, el problema económico que está detrás de sus movimientos.

Abner Flores/ENERGÍABolivia, 30 de septiembre de 2026.- La reciente publicación de Javier Aliaga, “Anatomía de un tipo de cambio volátil”, plantea que el comportamiento del dólar en Bolivia debe analizarse más allá de la cotización que aparece diariamente como referencia oficial. En una entrevista exclusiva concedida a la Revista ENERGÍABolivia, el economista respondió tres consultas sobre este fenómeno y sostuvo que la nueva metodología del tipo de cambio —basada en una mediana ponderada— puede disminuir la volatilidad estadística del indicador, pero no necesariamente la del mercado. Su argumento central es que modificar la forma de medir el precio no cambia automáticamente la disponibilidad de dólares, la demanda de divisas ni las expectativas de los agentes económicos. El BCB reportó, por ejemplo, un tipo de cambio oficial de Bs 12,02 por dólar para el 29 de septiembre, calculado mediante la mediana ponderada de operaciones de compra de dólares de las entidades financieras.

El segundo componente identificado por Aliaga lleva directamente al sector energético. Según su explicación, la importación de diésel, gasolina y otros insumos energéticos constituye una demanda recurrente de dólares porque las operaciones de compra, transporte, seguros y financiamiento se realizan en moneda extranjera, mientras una parte de los ingresos internos se recupera en bolivianos. En su análisis señala que en 2025 alrededor del 90,85% de la oferta de diésel fue importada, mientras que YPFB situó para 2026 la dependencia importada de la gasolina en torno al 60%. Esto permite entender por qué la crisis de combustibles y la crisis cambiaria están vinculadas: mientras Bolivia necesite comprar grandes volúmenes de carburantes en el exterior, una parte importante de la demanda de dólares será difícil de postergar. La propia publicación de Aliaga identifica a las importaciones energéticas como uno de los componentes estructurales de esa demanda.

Pero la ecuación tiene otra variable: cuánto puede producir Bolivia dentro de sus propias refinerías. Aliaga plantea que incrementar la refinación nacional podría reducir parcialmente la necesidad de comprar combustibles terminados, aunque advierte que importar crudo tampoco elimina automáticamente la demanda de divisas, porque requiere financiar cargamentos, transporte, inventarios y capital de trabajo. El dato oficial muestra el tamaño del desafío: entre enero y julio de 2026 las refinerías Gualberto Villarroel y Guillermo Elder Bell procesaron conjuntamente unos 24.067 barriles diarios, frente a una capacidad de diseño de 63.750 barriles diarios, equivalente a cerca del 38% de esa capacidad. YPFB está intentando elevar gradualmente ese procesamiento mediante la importación de crudo compatible con las plantas. La discusión, por tanto, ya no es únicamente cuánto combustible importar, sino qué combinación de importaciones de crudo, refinación nacional y producción propia permite reducir de manera sostenible la salida de dólares.

En su tercera respuesta, Aliaga plantea que la solución requiere actuar simultáneamente sobre la administración de las divisas y sobre la estructura energética que genera esa demanda. Entre las medidas que menciona están programar las necesidades de dólares de YPFB, escalonar compras, negociar condiciones de financiamiento, mejorar inventarios y evitar que pagos importantes se concentren en períodos muy cortos. A mediano y largo plazo incorpora recuperación de la producción nacional de crudo y condensado, mejor logística, mayor eficiencia energética y sustitución selectiva de combustibles líquidos. En este punto aparece la principal dimensión económica de su análisis: la estabilidad cambiaria no depende solamente de cómo se publica el precio del dólar, sino también de cuánto combustible necesita Bolivia importar y cuántos dólares requiere para mantener funcionando su economía. Por eso, la política de combustibles, la refinación, la producción hidrocarburífera y la administración de divisas terminan formando parte de una misma ecuación macroeconómica.    




Fuente: Abner Flores/ENERGÍABolivia




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