La propuesta de priorizar la refinación y exploración frente al creciente costo de la subvención puede reducir parte de la dependencia externa, pero Fundación Jubileo, advierte que la medida por sí sola no resolverá la crisis. Bolivia arrastra desde 2022 una condición de importador neto de hidrocarburos y necesita divisas, precios reales, logística e inversiones de largo plazo para cambiar esa situación.
Abner Flores, Santa Cruz, 18 de septiembre de 2026.- En medio del debate sobre cómo enfrentar la crisis de combustibles, se le hizo dos consultas al experto en hidrocarburos de Fundación Jubileo, Raúl Velásquez, sobre la propuesta gubernamental de priorizar la inversión en refinación y exploración antes que continuar destinando recursos crecientes a la subvención. Su respuesta coloca el debate en un punto central: Bolivia puede reducir parte de los costos de importar combustibles si vuelve a utilizar de manera más intensiva sus refinerías y opta por importar petróleo crudo para procesarlo dentro del país. Según Velásquez, las refinerías Guillermo Elder Bell y Gualberto Villarroel tienen una capacidad ociosa que bordea el 70%, por lo que abastecerlas con crudo importado permitiría aprovechar infraestructura existente y reducir el pago de márgenes de refinación en el exterior.
El planteamiento, sin embargo, abre otro frente: la forma de importar el crudo puede determinar cuánto realmente se ahorra. Velásquez considera que trasladar el petróleo mediante ductos sería más conveniente que hacerlo en cisternas y propone revertir los oleoductos Yacuiba-Camiri, Camiri-Santa Cruz y Santa Cruz-Cochabamba. Su argumento es que recuperar esas rutas tendría un costo menor y permitiría construir una logística más eficiente frente a alternativas que demandarían mayores inversiones y tiempos de ejecución. En otras palabras, el desafío no termina cuando Bolivia consigue comprar petróleo: también debe resolver cómo transportarlo, almacenarlo y garantizar un flujo constante hacia las plantas de refinación.
AYUDA PERO NO ALCANZA
La segunda consulta cambia la dimensión del problema: ¿importar crudo puede sacar a Bolivia de la crisis? Para Velásquez, ayuda, pero no alcanza. El experto sostiene que desde 2022 Bolivia es un importador neto de hidrocarburos y señala que, hasta julio de 2026, el déficit de la balanza comercial hidrocarburífera superaba los $us 1.000 millones. Bajo esa lectura, el problema dejó de ser únicamente la falta de combustibles y pasó a convertirse en una presión económica estructural: el país necesita divisas para comprar crudo o productos refinados, mientras enfrenta un mercado internacional condicionado por precios, geopolítica y disponibilidad.
Por eso, la discusión sobre las refinerías representa apenas una pieza de un problema mucho mayor. Velásquez plantea que Bolivia requiere seguridad jurídica, una nueva Ley de Hidrocarburos con un régimen fiscal atractivo para el Estado y las petroleras, mayor institucionalidad, mercados para el gas natural y precios reales. El trasfondo de su análisis es que la importación de crudo podría aliviar la presión inmediata y aprovechar infraestructura que hoy permanece subutilizada, pero no reemplaza la necesidad de reconstruir la capacidad productiva del sector.
Fuente: Abner Flores, Santa Cruz

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